Una anécdota personal para conmemorar el día.

Cuando fui de visita a San Miguel Tecuanipa para día de muertos por primera vez. Es decir cuando, entre otras cosas, me planteé mi Tesis de maestría, yo iba con la idea de pedir que me permitieran hacer una estancia de campo ahí; así que de salida de la cuidad me detuve en una panadería y compré varios panes dulces espolvoreados de azúcar y decorados con unas tiras del mismo pan en forma de hueso que en Tenochtitilán son conocidos como pan de muertos y son parte tradicional de las ofrendas que hacemos en día de muertos.

Muy contento con mi regalo para la gente que nos recibiría en la comunidad fuimos manejando hasta tecuanipa y llegamos a la casa donde emocionado dije ¡traigo algo para su ofrenda! y saque los panes. A lo que mi anfitrión respondió “ah, pan de ese”. Horas después cuando nos habían contado un poco cómo eran sus tradiciones de día de muertos entendí que ese día a mediodía habían recibido a sus muertxs y los habían invitado a instalarse en la mesa de la ofrenda para comer, que era lo que íbamos a hacer todxs lxs invitadxs vivxs y muertxs en ese momento. Entre los elementos que prepararon para la ocasión destacaron para mi los chayotes hervidos, el mole y los tamales sonsos y los panes.

Ese día de muertos me fui de Tecuanipa con el estómago y la cajuela llenxs de comida, el cerebro dando vueltas por todo lo aprendido y el corazón alegre de lo compartido.  En el afán de seguir compartiendo lo aprendido y vivido le llevé parte del itacate, es decir la comida que me regalaron para que me lleve, a una profesora. En particular destaca que entre lo que le regalé incluí unos panes salados y densos con un pequeño ahujero en el centro, característico del proceso para sacarlos del horno tradicional y que presentan una masa en capas en su interior que en San Miguel Tecuanipa son conocidos como pan de muertos y son parte tradicional de las ofrendas que hacemos en día de muertos.

Muy contento con mi regalo para la gente en la clase y emocionado dije ¡traigo algo para ustedes! y saque el itacate, la profesora lo miró y destacando entre los contenidos uno que le llamó la atención exclamó: “ah, pan de ese”.

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