Nunca había podido conocer San Juan Chamula y creo que mi visita a este pequeño pueblo complementa maravillosamente lo que he aprendido en las últimas semanas.
En primera instancia me alegró muchísimo, comparado con algunas de mis paradas anteriores ver que la organización del lugar corre por cuenta de la gente de ahí mismo y que todos los trabajadores son más bien locales. Aunque no faltaban quienes trataran de aprovechar la lástima como fuente de ingresos realmente este lugar sigue siendo de su gente y no de grupos externos que tratan de comerciar con lo que atrae ahí a lxs turistas.
El lugar más impresionante es sin duda la Iglesia de San Juan Bautista, dónde se mezclan las tradiciones de las diferentes etapas de la historia de la región. Así pudimos escuchar rezos rítmicos en lenguas que me son completamente desconocidas mientras gente que se ocupa de cuidar la Iglesia hablaba español, inglés y hasta italiano con notables cantidades de turistas que caminábamos entre lxs locales que se ocupan de sus espíritus.
Estos espíritus, como tantos otrxs, pueden asumir formas y nombres variados y es así que las lenguas ancestrales de esta tierra dedicaban sus trabajos a santos con nombres católicos hispanos y a espíritus vestidxs al modo del renacimiento europeo. Finalmente, como creo que también nos enseña la historia de la Virgen del Tepeyac, sin importar como lxs imaginemos (les asignemos imágenes) nuestrxs espíritus guardianes no reconocen razas, colores ni nacionalidades. Aquí la tradición de quinientos años y la de milenios han encontrado la forma de estar en sintonía y reconocerse en una sabiduría compartida que abreva de todas las fuentes que encuentra para hacerse más fuerte en lugar de desgastarse en batallas áridas.
Creo que a su modo y a pesar de todos los problemas que esto puede ocasionar, aquí la relación entre el turismo y las tradiciones locales han encontrado también un balance que, aunque incómodo, permite que la vida contemporánea y las prácticas ancestrales continúen.
Quizás el atractivo turístico que representa la Iglesia, llena como está de telas maravillosas, imágenes detalladísimas de santxs e iluminada por la luz de cientos de veladoras, ayude también a proteger su condición actual y el derecho de quienes allí practican su espiritualidad sobre las agujas de pino que cubren el suelo de los embates de la modernidad con su usual imposición de modos homogeneizantes.
Creo que San Juan Chamula es ejemplo de un futuro presente dónde muchas visiones diferentes del mundo podemos convivir en armonía y compartir espacios que nos importan a todxs aunque desde perspectivas distintas y por motivos que dependen de cada quien.

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