Con la alegría de que el amigo colombiano que conocí en el hostal de Guatemala consiguió todo lo que necesita para poder seguir con sus estudios levanté mis maletas y tomé camino para Antigua, que está a sólo una hora de Guatemala capital.

image

En realidad fue como una hora y media porque había tráfico en la ciudad, Pero rápidamente me instalé en Antigua y salí a pasear, no me gusto mucho el hostal que encontré así que mañana me mudo a uno distinto. Éste espera que uno gaste como si tuviera y no tiene esas practicidades, como poder cocinar, que he aprendido a apreciar tanto. Aún así es un lugar bonito, aunque con una onda muy fiestera para mi gusto.
Antigua es una ciudad muy bella que me recuerda a Sancris y a San Miguel de Allende; probablemente podría apreciarla más si no tuviera tan fresca la visita a la casa de la memoria. En este momento colonial es pésima palabra en mi diccionario y esta ciudad se centra en eso, en el turismo de sus iglesias y conventos. Muchos están en ruinas. Me dijeron que por una gran inundación causada por un volcán de los que rodean la ciudad. Resulta que en particular uno llamado el volcán de agua hizo erupción arrojando grandes cantidades de este líquido a las calles de la ciudad, motivo por el cual gran parte de las actividades que se realizaban aquí se movieron a la ciudad de Guatemala. Desde que ocurrió esta erupción la arquitectura de la ciudad quedo congelada en el tiempo, está prohibido renovar las fachadas de las construcciones e inclusive para pintarlas son necesarios permisos especiales y debe hacerse conservando el color que tienen.
Aunque no alcanzo a superar el dolor que encuentro en la palabra colonial, mientras caminaba por las calles empedradas de banquetas angostas recordé que alguna vez, caminando por la cuidad de Puebla, pensé que para avanzar hacia el futuro colectivo tenemos que aceptar todo lo que somos y de dónde viene eso y en ese sentido aceptar y trabajar con todos nuestros pasados.
Lo más relevante del día de hoy es que comí en el mercado y por lo tanto pude conocer un poco más de los sabores locales, aunque creo que no le atiné a un buen puesto comí un guisado de cerdo llamado revolcado que me recordó al sabor de las carnitas aunque la consistencia es muy distinta porque es un guisado caldoso.
Me encantó encontrar elotes hervidos en la calle de afuera del mercado y probar el sabor de una variedad de la zona, aunque elegí comer uno más suave y no uno de los que, más maduros, tendrían un sabor y una consistencia más fuerte.
Por otro lado, me llamó mucho la atención que en el comedero del mercado me dieron unas tortillas tan gruesas que en México les pellizcaríamos el borde y las consideraríamos sopes. Otra vez, no se si es habitual o particularidad del lugar de hoy.
En conclusión me quedé un día más en Antigua para seguir explorando con el estómago antes de seguir con rumbo a San Marcos de la Laguna, un pueblo asentado en las márgenes del lago Atikal que, de acuerdo a la recepcionista del hostal tiene una gran tradición espiritual.
Mañana salgo para San Marcos con mucha emoción pues me han recomendado muchas personas que vaya para allá. Hoy aproveché el día para pasear con dos nuevos amigos con los que vinimos desde Ciudad de Guatemala y que se quedan una semana en Antigua aprendiendo español antes de empezar su aventura de seis meses por Latinoamérica (de aquí para el sur) fuimos al mercado y paseamos por las calles la ciudad. Como llegamos más temprano pudimos ver más actividad, lleno de olores y colores maravillosos pero casi todos conocidos.
Probé un guisado de pollo que llaman pipian pero que no tiene nada que ver con el que conocía, éste se hace a base de harina de trigo. Confirmé que aquí las tortillas son más gruesas, cosa que me llama mucho la atención y pude ver un local de tacos que anunciaba tortillas mexicanas. También compramos unas garrapiñadas que me llamaron la atención por estar bañadas en ajonjolí y un camote cristalizado bañado en miel. Sólo pudimos permitirnos la opípara degustación porque los precios del mercado no son para turistas, la mayoría le temen a comer en este lugar y esto hizo que toda la comida, con acompañamientos y bebida, costara menos que un plato en cualquier otro lugar.
Estoy muy contento de haber pasado otro día aquí, sobre todo porque lo pude compartir con estos chavos y porque juntos nos dedicamos a disfrutar el día y lo significativo que es vivir un gran viaje. Finalmente pasamos la tarde y parte de la noche platicando de éste y otros temas de viajero mientras se ponía el sol detrás de las montañas y la neblina bajaba sobre nosotros hasta que la sentimos en la piel.
Fue un día de caminar y aprender que me da buen ánimo para mi siguiente destino.
image

Anuncios