Hoy logré llegar a la casa de la memoria, un lugar que había estado buscando y que cierra mi búsqueda de la memoria del genocidio en esta ciudad, mañana me voy a Antigua y veremos que toca allá.

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La casa de la memoria es un lugar dolorosísimo y maravilloso que me llena de energía para trabajar con la memoria que tenemos que construir y sanar en nuestras tierras. Es literalmente una casa, una casa vieja, con un patio central y muchas habitaciones conectadas entre sí que han sido preparadas para que al recorrerlas aprendamos del genocidio desde su inicio, con la invasión europea, hasta la actualidad. Primero hablan de la brutalidad colonial y de cómo los prejuicios de esa época siguen hasta nuestros días y son los que permitieron que el genocidio se llevara a cabo y después habla en sí del genocidio.
La museografía es espectacular y cada habitación es una instalación diseñada para comunicarnos las emociones además de la historia de lo ocurrido. Claramente quienes la hicieron no son sólo historiadorxs si no también, o en colaboración, artistas.
Creo que le recomendaría a todo el mundo que la visite, pero más allá de eso es un ejemplo del trabajo que necesitamos hacer en México, un trabajo terrible y doloroso donde la colaboración de cada quien puede aportar algo fundamental.
Haber encontrado ayer la librería fue también ideal pues hoy en la casa de la memoria encontré muchos de los textos de ayer como parte del recorrido porque son estos registros escritos los que dieron pie al resto del trabajo de la memoria que, en este país, alcanzó inclusive para declarar culpable de genocidio al asesino Ríos Montt.
Veo la casa de la memoria como un paso posterior, un trabajo sobre el trabajo hecho por heroicxs luchadorxs como Myrna Mack y Juan José Gerardi. En especial del segundo, cuyo trabajo fue tan importante en el REMHI (Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica) y que terminó en la presentación del texto Guatemala nunca más que le costó la vida pues lo ejecutaron a dos días de haberlo presentado.

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Sin embargo me queda claro que los nombres abundan como muestran las columnas de la catedral y los pañuelos en el techo de una de las habitaciones. La clave está en que hay trabajo que hacer y que una parte fundamental (como los simientos de la casa de la memoria) son estos libros enormes y llenos de dolor que acumulan los testimonios de la violencia para su posterior trabajo.
Visiten la casa de la memoria, 6 avenida 1-73 zona 1 en la ciudad de Guatemala y empecemos a construir los bloques para albergar nuestros dolores que siguen creciendo.

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