Los buses estilo sesentas en África pueden ser muy pintorescos, pero el modelo Beliceño de terminal es impresionante, la idea es acercarse lo más posible a la puerta por donde van a dar acceso al camión, que es como de separos, lo más pronto posible y luego empujar y correr para obtener un lugar porque si no alcanzas a sentarte tendrás que esperar al siguiente camión (nos pasó) en Belice City, después que nos bajarán del primer bus en el que nos apañaron los lugares, me despedí de Michele y Silvia que seguirán caribeando por Hopkins y Livingston y tomé un guajolojet de siete horas a Punta Gorda, el punto más al sur en Belice. Como perdí el bus temprano tuve que pasar la noche en Punta Gorda y hasta hoy en la mañana pude tomar una lancha (panga) de fibra de vidrio con techo de lona que por $$50 Beliceños (unos 450 pesos) me trajo a puerto barras, ya en Guatemala, tengo muchas ganas de regresar a las montañas y me voy derechito a la ciudad de Guatemala, es un alivio poder hablar español con la gente, pero sobre todo entendernos con los modos y formas que compartimos, me impresiona lo diferente que es el modo de interactuar entre la gente de Belice y como en Guatemala todo se me hace más conocido. Claramente la colonia de invasores diferentes ha tenido gran efecto en nuestras formas de interactuar y las culturas ancestrales de que venimos se han adaptado a la invasión de modos diferentes.
Así termina la etapa caribeña de mi aventura, veremos qué cuenta la montaña.

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