Es hora de aventurarme más allá de la frontera, el camión a Belice (que como ya estoy acostumbrado me cobró el doble de lo estipulado por ser güero) parece de los setenta aunque podría ser más viejo.
Aquí termina mi estadía en la riviera Maya que tuvo la maravillosa adición de ser una etapa que pasé alegremente acompañado desde Mérida hasta playa del Carmen, Cancún y puerto aventura, estar con gente conocida y entendemos en grupo, con locales que me recibieran fraternalmente en sus lugares generó un gran cambio en mi rutina y me permite empezar esta nueva aventura con ánimos distintos y otra actitud.

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Mi afán empresarial de trabajar con turistas se queda con la maravillosa gente que conocí en playa del Carmen y que me contaron mucho sobre la manera en que ellxs lo han logrado. Ahora vuelvo a mi modo más habitual de aventura, voy a buscar una comunidad que no conozco, de una cultura con la que no tengo ninguna experiencia en un territorio que me es extraño.
Con un poco de suerte alguien en la isla me podrá compartir alguna historia o me invitará a participar en alguna de sus tradiciones. Paso a paso y día a día recuerdo más porqué me encanta trabajar con la gente y convivir con quienes tengo menos en común. Espero, como cada vez que viajo de este modo, ser capaz de portarme de manera apropiada y de recibir la enseñanza que la gente me ofrezca.
Tengo en la espalda la sensación de aventura que promete mucha diversión con todo el miedo y dificultades que esto implica. Sé que dejar territorio nacional es un cambio importante para las condiciones de mi viaje y la primera señal de ello es que esta entrada es la despedida de la red de datos móviles que tanta comodidad y facilidades me representó a nivel nacional, a partir de ahora seré dependiente de los wifi locales como todos los extranjeros que vi a lo largo del mes.
Pienso por otro lado en lo ridículo de las fronteras que hacen de un viaje más corto que otros de los que he hecho en estos días un cambio tan radical. No siquiera estoy tanto más lejos de las zonas conocidas pero ser víctima de un estado asesino diferente hace gran diferencia, ahora además de güero seré extranjero. Aunque hace tres semanas que nadie me creía mexicano de cualquier manera.
Tengo muchas ganas de conocer a la gente de este territorio saqueado por piratas diferentes y de aprender cómo se defienden; aunque la tierra es una las historias son muchas y este nuevo pedazo de tierra tiene sus propias anécdotas que contar.
Cruzamos la frontera de salida, donde los viajeros de pasaporte extranjero tuvieron que pagar $350 por ser extranjeros, afortunadamente ahí hablo mi pasaporte y esa xenofobia me la ahorré. Entramos ahora a Belice.
Aquí ser mexicano me perjudicó pues al compa austriaco que tuvo que pagar en México le dieron un mes de estadía y a mi sólo quince días, así que estaré de regreso antes de lo que esperaba.
Ahora si, directo a Belice city a tomar el acuataxi.
Aquí hay una foto de mí reflejado en el espejo retrovisor del camión. Ese hilo que cuelga del techo en la esquina superior izquierda es el cláxon.

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El viaje en camión duró como como seis horas y ya en Belice, nuestro camión internacional funcionó de pesero toda la ruta así que pude ver muchas dinámicas que como turistas solemos perder.
Para cuando llegamos a Belice city me había hecho de un amigo y una amiga y nos apuramos a comprar los boletos de acuataxi a caye caulker que cuestan como $270 mexicanos, en general todo en Belice es muy caro porque reciben muchos turistas de EEUU y porque tienen su moneda amarrada al dólar, más allá de cotizaciones, el dólar beliceño esta fijo a 2 beliceños por dólar gringo. Algunos de los precios más ridículos que he visto son un litro de leche a 8.50  Beliceños (como 65 pesos) y un paquete de fideos a 6.
Finalmente llegamos a caye caulker que es una islita para pasear muy bella, llena de arena y construcciones de madera además de atestada de turistas. El lema de la isla es go slow y eso estamos haciendo con mis nuevxs amigxs aunque no nos quedaremos mucho tiempo porque poner mi hamaca a la intemperie cuesta 15 beliceños (130 mexicanos).
La naturaleza de este cayo es bellísima y hoy esperamos poder recorrer el manglar un rato, hay unas vistas espectaculares y ayer la Luna llena fue maravillosa. Los aprendizajes siguen y cada vez veo más trabajo por hacer del que no ofrece dólares si no crecimiento.

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