Archivos para el mes de: agosto, 2015

Nunca había podido conocer San Juan Chamula y creo que mi visita a este pequeño pueblo complementa maravillosamente lo que he aprendido en las últimas semanas.
En primera instancia me alegró muchísimo, comparado con algunas de mis paradas anteriores ver que la organización del lugar corre por cuenta de la gente de ahí mismo y que todos los trabajadores son más bien locales. Aunque no faltaban quienes trataran de aprovechar la lástima como fuente de ingresos realmente este lugar sigue siendo de su gente y no de grupos externos que tratan de comerciar con lo que atrae ahí a lxs turistas.
El lugar más impresionante es sin duda la Iglesia de San Juan Bautista, dónde se mezclan las tradiciones de las diferentes etapas de la historia de la región. Así pudimos escuchar rezos rítmicos en lenguas que me son completamente desconocidas mientras gente que se ocupa de cuidar la Iglesia hablaba español, inglés y hasta italiano con notables cantidades de turistas que caminábamos entre lxs locales que se ocupan de sus espíritus.
Estos espíritus, como tantos otrxs, pueden asumir formas y nombres variados y es así que las lenguas ancestrales de esta tierra dedicaban sus trabajos a santos con nombres católicos hispanos y a espíritus vestidxs al modo del renacimiento europeo. Finalmente, como creo que también nos enseña la historia de la Virgen del Tepeyac, sin importar como lxs imaginemos (les asignemos imágenes) nuestrxs espíritus guardianes no reconocen razas, colores ni nacionalidades. Aquí la tradición de quinientos años y la de milenios han encontrado la forma de estar en sintonía y reconocerse en una sabiduría compartida que abreva de todas las fuentes que encuentra para hacerse más fuerte en lugar de desgastarse en batallas áridas.
Creo que a su modo y a pesar de todos los problemas que esto puede ocasionar, aquí la relación entre el turismo y las tradiciones locales han encontrado también un balance que, aunque incómodo, permite que la vida contemporánea y las prácticas ancestrales continúen.
Quizás el atractivo turístico que representa la Iglesia, llena como está de telas maravillosas, imágenes detalladísimas de santxs e iluminada por la luz de cientos de veladoras, ayude también a proteger su condición actual y el derecho de quienes allí practican su espiritualidad sobre las agujas de pino que cubren el suelo de los embates de la modernidad con su usual imposición de modos homogeneizantes.
Creo que San Juan Chamula es ejemplo de un futuro presente dónde muchas visiones diferentes del mundo podemos convivir en armonía y compartir espacios que nos importan a todxs aunque desde perspectivas distintas y por motivos que dependen de cada quien.

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Mi última parada en Guatemala fue en el lago Atitlán, en particular en el pueblo de San Marcos de la Laguna, dónde creo que el idioma más hablado a orillas del lago es el Inglés y en la montaña el Kaqchikel que es la lengua local.
El lago Atitlán es enorme y espectacular.

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Desde la orilla y las montañas aledañas, dónde los voladeros de la precaria carretera para llegar ofrecen un paisaje maravilloso, el lugar parece un valle inundado, altas montañas y volcanes alrededor del lago claramente conducen hacia éste el agua que reciben de la lluvia y la superficie cubierta es enorme.
La combinación de altas montañas escarpadas pero cubiertas de vegetación con la enorme cantidad de agua da unas vistas impresionantes y majestuosas que cambian constantemente con el paso del sol.
Es difícil cansarse de disfrutar la vista desde los diferentes puntos del pueblo, el hostal dónde me quedé está a la orilla del lago y la vista desde la playa junto con el ritmo de las olas acompañaron largas e interesantes conversaciones con mucha gente diferente pero las vistas desde la parte alta del pueblo, dónde viven los habitantes originales también sin maravillosas como lo son las de la reserva ecológica dentro de la comunidad.
Aunque pudimos encontrar algunos lugares donde comer propiedad de gente de la zona casi toda la orilla y la parte baja de la comunidad son zona de expatriados que han puesto locales de yoga y otras actividades new agey para quedarse a vivir ahí.
La parte montañosa del pueblo sigue, sin embargo siendo territorio de los pobladores originales y se siente la diferencia en el ambiente aunque, lamentablemente sólo están acostumbrados a interactuar con turistas cuando trabajan para nosotrxs.
Me alegró, sin embargo que actitudes como pararnos en la calle para pedirnos dinero sólo ocurrieran en la parte turística y que la vida de la gente de más arriba sólo se ve afectada por la nueva oleada de recién llegadxs en lo referente a los trabajos que realizan.

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Me despedí del lago durante un magnífico amanecer en el muelle mientras esperaba la lancha a Panajachel que fue el primer paso del recorrido que me trajo a San Cristóbal de las casas. Nueve horas y una interminable secuencia de bajadas y subidas del camión, del guatemalteco al mexicano, migración para salir, migración para entrar, retén militar, etc. Estoy de regreso en la ciudad que hace veintiún años recibió el grito de la selva, el nunca más de los hombres y mujeres murciélago en sus calles. Me encanta Sancris.

Con la alegría de que el amigo colombiano que conocí en el hostal de Guatemala consiguió todo lo que necesita para poder seguir con sus estudios levanté mis maletas y tomé camino para Antigua, que está a sólo una hora de Guatemala capital.

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En realidad fue como una hora y media porque había tráfico en la ciudad, Pero rápidamente me instalé en Antigua y salí a pasear, no me gusto mucho el hostal que encontré así que mañana me mudo a uno distinto. Éste espera que uno gaste como si tuviera y no tiene esas practicidades, como poder cocinar, que he aprendido a apreciar tanto. Aún así es un lugar bonito, aunque con una onda muy fiestera para mi gusto.
Antigua es una ciudad muy bella que me recuerda a Sancris y a San Miguel de Allende; probablemente podría apreciarla más si no tuviera tan fresca la visita a la casa de la memoria. En este momento colonial es pésima palabra en mi diccionario y esta ciudad se centra en eso, en el turismo de sus iglesias y conventos. Muchos están en ruinas. Me dijeron que por una gran inundación causada por un volcán de los que rodean la ciudad. Resulta que en particular uno llamado el volcán de agua hizo erupción arrojando grandes cantidades de este líquido a las calles de la ciudad, motivo por el cual gran parte de las actividades que se realizaban aquí se movieron a la ciudad de Guatemala. Desde que ocurrió esta erupción la arquitectura de la ciudad quedo congelada en el tiempo, está prohibido renovar las fachadas de las construcciones e inclusive para pintarlas son necesarios permisos especiales y debe hacerse conservando el color que tienen.
Aunque no alcanzo a superar el dolor que encuentro en la palabra colonial, mientras caminaba por las calles empedradas de banquetas angostas recordé que alguna vez, caminando por la cuidad de Puebla, pensé que para avanzar hacia el futuro colectivo tenemos que aceptar todo lo que somos y de dónde viene eso y en ese sentido aceptar y trabajar con todos nuestros pasados.
Lo más relevante del día de hoy es que comí en el mercado y por lo tanto pude conocer un poco más de los sabores locales, aunque creo que no le atiné a un buen puesto comí un guisado de cerdo llamado revolcado que me recordó al sabor de las carnitas aunque la consistencia es muy distinta porque es un guisado caldoso.
Me encantó encontrar elotes hervidos en la calle de afuera del mercado y probar el sabor de una variedad de la zona, aunque elegí comer uno más suave y no uno de los que, más maduros, tendrían un sabor y una consistencia más fuerte.
Por otro lado, me llamó mucho la atención que en el comedero del mercado me dieron unas tortillas tan gruesas que en México les pellizcaríamos el borde y las consideraríamos sopes. Otra vez, no se si es habitual o particularidad del lugar de hoy.
En conclusión me quedé un día más en Antigua para seguir explorando con el estómago antes de seguir con rumbo a San Marcos de la Laguna, un pueblo asentado en las márgenes del lago Atikal que, de acuerdo a la recepcionista del hostal tiene una gran tradición espiritual.
Mañana salgo para San Marcos con mucha emoción pues me han recomendado muchas personas que vaya para allá. Hoy aproveché el día para pasear con dos nuevos amigos con los que vinimos desde Ciudad de Guatemala y que se quedan una semana en Antigua aprendiendo español antes de empezar su aventura de seis meses por Latinoamérica (de aquí para el sur) fuimos al mercado y paseamos por las calles la ciudad. Como llegamos más temprano pudimos ver más actividad, lleno de olores y colores maravillosos pero casi todos conocidos.
Probé un guisado de pollo que llaman pipian pero que no tiene nada que ver con el que conocía, éste se hace a base de harina de trigo. Confirmé que aquí las tortillas son más gruesas, cosa que me llama mucho la atención y pude ver un local de tacos que anunciaba tortillas mexicanas. También compramos unas garrapiñadas que me llamaron la atención por estar bañadas en ajonjolí y un camote cristalizado bañado en miel. Sólo pudimos permitirnos la opípara degustación porque los precios del mercado no son para turistas, la mayoría le temen a comer en este lugar y esto hizo que toda la comida, con acompañamientos y bebida, costara menos que un plato en cualquier otro lugar.
Estoy muy contento de haber pasado otro día aquí, sobre todo porque lo pude compartir con estos chavos y porque juntos nos dedicamos a disfrutar el día y lo significativo que es vivir un gran viaje. Finalmente pasamos la tarde y parte de la noche platicando de éste y otros temas de viajero mientras se ponía el sol detrás de las montañas y la neblina bajaba sobre nosotros hasta que la sentimos en la piel.
Fue un día de caminar y aprender que me da buen ánimo para mi siguiente destino.
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Hoy logré llegar a la casa de la memoria, un lugar que había estado buscando y que cierra mi búsqueda de la memoria del genocidio en esta ciudad, mañana me voy a Antigua y veremos que toca allá.

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La casa de la memoria es un lugar dolorosísimo y maravilloso que me llena de energía para trabajar con la memoria que tenemos que construir y sanar en nuestras tierras. Es literalmente una casa, una casa vieja, con un patio central y muchas habitaciones conectadas entre sí que han sido preparadas para que al recorrerlas aprendamos del genocidio desde su inicio, con la invasión europea, hasta la actualidad. Primero hablan de la brutalidad colonial y de cómo los prejuicios de esa época siguen hasta nuestros días y son los que permitieron que el genocidio se llevara a cabo y después habla en sí del genocidio.
La museografía es espectacular y cada habitación es una instalación diseñada para comunicarnos las emociones además de la historia de lo ocurrido. Claramente quienes la hicieron no son sólo historiadorxs si no también, o en colaboración, artistas.
Creo que le recomendaría a todo el mundo que la visite, pero más allá de eso es un ejemplo del trabajo que necesitamos hacer en México, un trabajo terrible y doloroso donde la colaboración de cada quien puede aportar algo fundamental.
Haber encontrado ayer la librería fue también ideal pues hoy en la casa de la memoria encontré muchos de los textos de ayer como parte del recorrido porque son estos registros escritos los que dieron pie al resto del trabajo de la memoria que, en este país, alcanzó inclusive para declarar culpable de genocidio al asesino Ríos Montt.
Veo la casa de la memoria como un paso posterior, un trabajo sobre el trabajo hecho por heroicxs luchadorxs como Myrna Mack y Juan José Gerardi. En especial del segundo, cuyo trabajo fue tan importante en el REMHI (Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica) y que terminó en la presentación del texto Guatemala nunca más que le costó la vida pues lo ejecutaron a dos días de haberlo presentado.

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Sin embargo me queda claro que los nombres abundan como muestran las columnas de la catedral y los pañuelos en el techo de una de las habitaciones. La clave está en que hay trabajo que hacer y que una parte fundamental (como los simientos de la casa de la memoria) son estos libros enormes y llenos de dolor que acumulan los testimonios de la violencia para su posterior trabajo.
Visiten la casa de la memoria, 6 avenida 1-73 zona 1 en la ciudad de Guatemala y empecemos a construir los bloques para albergar nuestros dolores que siguen creciendo.

Hoy caminé mucho por la ciudad con un amigo nuevo, fuimos a buscar un museo que estaba cerrado, el museo de la sociedad de antropología forense guatemalteca,  pero encontrarnos memoria e historia en la calle.

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Las paredes recuerdan a quienes el estado le robó a sus familias y que estás siguen buscando. Además, encontré bastantes paredes que hablaban de nuestras víctimas de allá que me confirmaron que aquí estamos en esta misma tierra y que la memoria debe cruzar las líneas que lxs asesinxs nos han impuesto. Traigo una pequeña colección de documentos de la memoria del genocidio que son en lo que más dinero he gastado desde que empecé a viajar.

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Los libros los compré en un café llamado Cervantes, tras del Palacio de Gobierno que tiene una casa del libro llena de cultura de la nuestra. Libros de México y Argentina, además de los que compré que son todos editados aquí. Cristóbal, el librero, nos contó sobre las resistencias de aquí y concluimos, como es habitual, que Colombia, México y Guatemala estamos en las mismas, que la política de las elecciones no sirve para nada y que sólo la construcción de autonomía y la autoliberación nos ofrecen un futuro que dure más de diez años.
De camino al rincón de Cervantes, donde tomé cerveza de cacao, amarga, espesa y fuerte, que son las que prefiero, pasamos por la catedral dónde las columnas del cerco exterior recuerdan a lxs caídxs y desaparecidxs del genocidio que hubo aquí, igual que en México porque una bola de ladrones quieren robarse nuestras tierras y los minerales que guardan.
Las columnas guardan los nombres porque la teología de la liberación ha sido muy poderosa aquí y en El Salvador. Muchos sacerdotes dejaron sus vidas en las trincheras o fueron asesinados por denunciar lo que ocurría.

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La catedral rememora que estuvo con su gente mientras el gobierno la mataba

Siento que el proceso de entender la masacre por la que estamos pasando en México nos llevará por caminos paralelos a algunos de los que han seguido en esta tierra, algunos de los esfuerzos de éstos caminos quedaron plasmados en los materiales que llevo con la esperanza de que nos ayuden a trabajar en casa con la masacre en curso.

Llegué de noche a la ciudad de Guatemala porque el camión se descompuso y estuvimos un par de horas varados en la carretera, no estuvo mal excepto porque algunxs pasajerxs se pusieron muy pesadxs. Para mi estuvo muy bien porque no tenía ninguna prisa, tuve tiempo de leer mucho y de pensar mucho en mi viaje, me di cuenta de que más allá de las vueltas, las demoras y la nalgas planas me gusta viajar por tierra, me gusta ver el paisaje que va cambiando en la ventana del camión  y cómo varía también la gente a mi alrededor. A través de esto he podido ver cómo se conectan entre si los lugares que he recorrido y los efectos de estas conexiones en los puntos de llegada o paso que voy encontrando.
Me alegra mucho dame cuenta, viajando en camión, de que la mayoría de la tierra que he recorrido no está cubierta por construcciones si no que es verde aunque en muchos casos enferma de monocultivo.
Me doy cuenta también de que una de las gracias de este viaje es que como empezó como otra cosa y lo estoy haciendo sin prisas veo lugares muy distintos, no he pasado por muchos puntos turísticos pero he visto cosas maravillosas y conocido a gente fantástica. No podré competir en la carrera de postales visitadas porque hice mi viaje personalizado, tengo mis propias postales lugares personales y momentos mágicos sin cámaras ni souvenirs.
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Los buses estilo sesentas en África pueden ser muy pintorescos, pero el modelo Beliceño de terminal es impresionante, la idea es acercarse lo más posible a la puerta por donde van a dar acceso al camión, que es como de separos, lo más pronto posible y luego empujar y correr para obtener un lugar porque si no alcanzas a sentarte tendrás que esperar al siguiente camión (nos pasó) en Belice City, después que nos bajarán del primer bus en el que nos apañaron los lugares, me despedí de Michele y Silvia que seguirán caribeando por Hopkins y Livingston y tomé un guajolojet de siete horas a Punta Gorda, el punto más al sur en Belice. Como perdí el bus temprano tuve que pasar la noche en Punta Gorda y hasta hoy en la mañana pude tomar una lancha (panga) de fibra de vidrio con techo de lona que por $$50 Beliceños (unos 450 pesos) me trajo a puerto barras, ya en Guatemala, tengo muchas ganas de regresar a las montañas y me voy derechito a la ciudad de Guatemala, es un alivio poder hablar español con la gente, pero sobre todo entendernos con los modos y formas que compartimos, me impresiona lo diferente que es el modo de interactuar entre la gente de Belice y como en Guatemala todo se me hace más conocido. Claramente la colonia de invasores diferentes ha tenido gran efecto en nuestras formas de interactuar y las culturas ancestrales de que venimos se han adaptado a la invasión de modos diferentes.
Así termina la etapa caribeña de mi aventura, veremos qué cuenta la montaña.

Si, nos perdimos en el mar, bueno, en realidad sabíamos perfectamente dónde estábamos y la costa estaba muy cerca y a la vista, pero no era tan fácil llegar. También me di un bruto tatemón de patas con el sol porque no me puse nada. Pero el punto es que llegamos a los headquarters de la reserva marina y terrestre de caye caulker, que todavía no estoy seguro de si está en caye caulker o en ambergris caye, la cosa es que remamos (con lxs amigxs del camión) como cuatro horas entre ida y vuelta y que conocimos esta reserva que es un lugar maravilloso en el que viven tres guardabosques, dos para el agua y uno para la isla y que básicamente viven de la isla “just living of the island” como nos dijo Ferguson, el guardián de la isla que nos recibió, nos dedico amablemente su tiempo para platicar y nos dio agua, que en ese momento fue la mayor de las bendiciones (además de que no esperaba que le pagáramos por ella lo cual fue maravilloso porque en caye caulker todo son negocios en precios para gringos).
Esta reserva es un lugar maravilloso en que la gente puede llegar y es libre de acampar, cocinar, hacer parrilladas y lo que sea con respeto a los guardabosques del fisheries Office que lo cuidan.
Ellos viven básicamente de lo que pescan desde el muelle y, por ejemplo, captan agua de lluvia que es más que suficiente para sus usos básicos. Y usan celdas solares para tener electricidad.
Como dijo Ferguson, hay horas brutales en que no hay viento y los mosquitos hacen de las suyas, pero es un lugar muy bello y se ve que se ha adaptado a vivir tres semanas ahí por una en Belice city. La isla les da lo suficiente pero nada más así que es un lugar muy tranquilo pero con el lujo de ser naturalmente maravilloso.
Lo de la quemada es importante porque aunque salimos de caye caulker temprano llegamos a la reserva casi al medio día y ya que pudimos bajar el ritmo a la vibra del lugar entendimos que no nos podríamos ir hasta que bajara el sol así que pasamos todo el día echando la hueva y protegiéndonos del sol hasta que bajo y pedimos emprender el regreso que también nos tomó un poco más de una hora. Fue muy bonito estar en un lugar precioso donde descansar y relajarnos sin prisa y simplemente parar por un rato. El muelle tenía una palapa hecha de hojas de Palma al final que fue nuestro punto de descanso durante el día, además de la vista hermosísima, ahí corría la brisa del mar y estábamos a la sombra. Es notable lo poco que necesitamos para pasar un día maravilloso.
Desde hace rato había pensado que Belice iba a ser mi punto de retorno y creo que es hora de empezar lo que será mi ruta de regreso que pasa por Guatemala, sancris y Oaxaca, por lo menos.
Estoy muy agradecido con toda la gente que de una manera u otra me acompañó a lo largo de éste mes y con la naturaleza y los lugares que nos otorgó. He aprendido mucho, dejo de buscar algunas cosas que me impulsaron a empezar el viaje y agradezco las enseñanzas y momentos maravillosos que llegaron sin buscarlos.

Es hora de aventurarme más allá de la frontera, el camión a Belice (que como ya estoy acostumbrado me cobró el doble de lo estipulado por ser güero) parece de los setenta aunque podría ser más viejo.
Aquí termina mi estadía en la riviera Maya que tuvo la maravillosa adición de ser una etapa que pasé alegremente acompañado desde Mérida hasta playa del Carmen, Cancún y puerto aventura, estar con gente conocida y entendemos en grupo, con locales que me recibieran fraternalmente en sus lugares generó un gran cambio en mi rutina y me permite empezar esta nueva aventura con ánimos distintos y otra actitud.

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Mi afán empresarial de trabajar con turistas se queda con la maravillosa gente que conocí en playa del Carmen y que me contaron mucho sobre la manera en que ellxs lo han logrado. Ahora vuelvo a mi modo más habitual de aventura, voy a buscar una comunidad que no conozco, de una cultura con la que no tengo ninguna experiencia en un territorio que me es extraño.
Con un poco de suerte alguien en la isla me podrá compartir alguna historia o me invitará a participar en alguna de sus tradiciones. Paso a paso y día a día recuerdo más porqué me encanta trabajar con la gente y convivir con quienes tengo menos en común. Espero, como cada vez que viajo de este modo, ser capaz de portarme de manera apropiada y de recibir la enseñanza que la gente me ofrezca.
Tengo en la espalda la sensación de aventura que promete mucha diversión con todo el miedo y dificultades que esto implica. Sé que dejar territorio nacional es un cambio importante para las condiciones de mi viaje y la primera señal de ello es que esta entrada es la despedida de la red de datos móviles que tanta comodidad y facilidades me representó a nivel nacional, a partir de ahora seré dependiente de los wifi locales como todos los extranjeros que vi a lo largo del mes.
Pienso por otro lado en lo ridículo de las fronteras que hacen de un viaje más corto que otros de los que he hecho en estos días un cambio tan radical. No siquiera estoy tanto más lejos de las zonas conocidas pero ser víctima de un estado asesino diferente hace gran diferencia, ahora además de güero seré extranjero. Aunque hace tres semanas que nadie me creía mexicano de cualquier manera.
Tengo muchas ganas de conocer a la gente de este territorio saqueado por piratas diferentes y de aprender cómo se defienden; aunque la tierra es una las historias son muchas y este nuevo pedazo de tierra tiene sus propias anécdotas que contar.
Cruzamos la frontera de salida, donde los viajeros de pasaporte extranjero tuvieron que pagar $350 por ser extranjeros, afortunadamente ahí hablo mi pasaporte y esa xenofobia me la ahorré. Entramos ahora a Belice.
Aquí ser mexicano me perjudicó pues al compa austriaco que tuvo que pagar en México le dieron un mes de estadía y a mi sólo quince días, así que estaré de regreso antes de lo que esperaba.
Ahora si, directo a Belice city a tomar el acuataxi.
Aquí hay una foto de mí reflejado en el espejo retrovisor del camión. Ese hilo que cuelga del techo en la esquina superior izquierda es el cláxon.

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El viaje en camión duró como como seis horas y ya en Belice, nuestro camión internacional funcionó de pesero toda la ruta así que pude ver muchas dinámicas que como turistas solemos perder.
Para cuando llegamos a Belice city me había hecho de un amigo y una amiga y nos apuramos a comprar los boletos de acuataxi a caye caulker que cuestan como $270 mexicanos, en general todo en Belice es muy caro porque reciben muchos turistas de EEUU y porque tienen su moneda amarrada al dólar, más allá de cotizaciones, el dólar beliceño esta fijo a 2 beliceños por dólar gringo. Algunos de los precios más ridículos que he visto son un litro de leche a 8.50  Beliceños (como 65 pesos) y un paquete de fideos a 6.
Finalmente llegamos a caye caulker que es una islita para pasear muy bella, llena de arena y construcciones de madera además de atestada de turistas. El lema de la isla es go slow y eso estamos haciendo con mis nuevxs amigxs aunque no nos quedaremos mucho tiempo porque poner mi hamaca a la intemperie cuesta 15 beliceños (130 mexicanos).
La naturaleza de este cayo es bellísima y hoy esperamos poder recorrer el manglar un rato, hay unas vistas espectaculares y ayer la Luna llena fue maravillosa. Los aprendizajes siguen y cada vez veo más trabajo por hacer del que no ofrece dólares si no crecimiento.

Es hora de aventurarme más allá de la frontera, el camión a Belice (que como ya estoy acostumbrado me cobró el doble de lo estipulado por ser güero) parece de los setenta aunque podría ser más viejo.
Aquí termina mi estadía en la riviera Maya que tuvo la maravillosa adición de ser una etapa que pasé alegremente acompañado desde Mérida hasta playa del Carmen, Cancún y puerto aventura, estar con gente conocida y entendemos en grupo, con locales que me recibieran fraternalmente en sus lugares generó un gran cambio en mi rutina y me permite empezar esta nueva aventura con ánimos distintos y otra actitud.

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Mi afán empresarial de trabajar con turistas se queda con la maravillosa gente que conocí en playa del Carmen y que me contaron mucho sobre la manera en que ellxs lo han logrado. Ahora vuelvo a mi modo más habitual de aventura, voy a buscar una comunidad que no conozco, de una cultura con la que no tengo ninguna experiencia en un territorio que me es extraño.
Con un poco de suerte alguien en la isla me podrá compartir alguna historia o me invitará a participar en alguna de sus tradiciones. Paso a paso y día a día recuerdo más porqué me encanta trabajar con la gente y convivir con quienes tengo menos en común. Espero, como cada vez que viajo de este modo, ser capaz de portarme de manera apropiada y de recibir la enseñanza que la gente me ofrezca.
Tengo en la espalda la sensación de aventura que promete mucha diversión con todo el miedo y dificultades que esto implica. Sé que dejar territorio nacional es un cambio importante para las condiciones de mi viaje y la primera señal de ello es que esta entrada es la despedida de la red de datos móviles que tanta comodidad y facilidades me representó a nivel nacional, a partir de ahora seré dependiente de los wifi locales como todos los extranjeros que vi a lo largo del mes.
Pienso por otro lado en lo ridículo de las fronteras que hacen de un viaje más corto que otros de los que he hecho en estos días un cambio tan radical. No siquiera estoy tanto más lejos de las zonas conocidas pero ser víctima de un estado asesino diferente hace gran diferencia, ahora además de güero seré extranjero. Aunque hace tres semanas que nadie me creía mexicano de cualquier manera.
Tengo muchas ganas de conocer a la gente de este territorio saqueado por piratas diferentes y de aprender como se defienden; aunque la tierra es una las historias son muchas y este nuevo pedazo de tierra tiene sus propias anécdotas que contar.
Cruzamos la frontera de salida, donde los viajeros de pasaporte extranjero tuvieron que pagar $350 por ser extranjeros, afortunadamente ahí hablo mi pasaporte y esa xenofobia me la ahorré. Entramos ahora a Belice.
Aquí ser mexicano me perjudicó pues al compa austriaco que tuvo que pagar en México le dieron un mes de estadía y a mi sólo quince días, así que estaré de regreso antes de lo que esperaba.
Ahora si, directo a Belice city a tomar el acuataxi.
Aquí hay una foto de mí reflejado en el espejo retrovisor del camión. Ese hilo que cuelga del techo en la esquina superior izquierda es el cláxon.

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El viaje en camión duró como como seis horas y, ya en Belice nuestro camión internacional funcionó de pesero toda la ruta así que pude ver muchas dinámicas que como turistas solemos perder.
Ya en Belice city me había hecho de un amigo y una amiga y nos apuramos a comprar los boletos de acuataxi a caye caulker que cuestan como $270 mexicanos, en general todo en Belice es muy caro porque reciben muchos turistas de EEUU y porque tienen su moneda amarrada al dólar, más allá de cotizaciones el dólar beliceño esta fijo a 2 beliceños por dólar gringo. Algunos de los precios más ridículos que he visto son un litro de leche a 8.50  Beliceños (como 65 pesos) y un paquete de fideos a 6.
Construye llegamos a caye caulker que es una islita para pasear muy bella, llena de arena y construcciones de madera además de atestada de turistas. El lema de la isla es go slow y eso estamos haciendo con mis nuevxs amigxs aunque no nos quedaremos mucho tiempo porque poner mi hamaca a la intemperie cuesta 15 beliceños (130 mexicanos).
La naturaleza de este cayo es bellísima y hoy esperamos poder recorrer el manglar un rato, hay unas vistas espectaculares y ayer la Luna llena fue maravillosa. Los aprendizajes siguen y cada vez veo más trabajo por hacer del que no ofrece dólares si no crecimiento.