¿Ubican esa gente de éxito que la hace donde quiera? ¿Que la tiras en medio de la Antártida y le vende saltos en resbaladilla a los pingüinos? Pues mejor tarde que nunca asumo que yo no soy de esa gente, que el dinero no es lo mío y que por eso suelo necesitar poco.
Lo que pasa es que necesito poco dinero y cuanto menos tengo menos gasto, por eso me dura más y más aunque me vaya teniendo que apretar el cinturón (tampoco tanto) además me parece lo más triste que hay limitar una interacción a lo monetario y por eso me suelo dedicar a no usar ni ganar dinero. Para mi necesitar dinero para hacer algo es una especie de fracaso, la concesión de la ambición y la objetificación sobre un mundo de vida y emociones que se pone triste y descolorido cuando lo cuantificamos y financiarizamos. Capitalizar el mundo es, para mi, lo contrario a vivirlo, es matarlo y destazar sus restos.
Empecé esta aventura porque pensé que en la tierra del turismo iba a poder encontrar una actividad que me diera dinero sin esta sensación de generar escasez pero ahora entiendo que para lograr este salto necesitamos saltar juntos, como lxs chinxs que un día van a derrumbar el mundo que conocemos con un salto coordinado.
Mientras tanto considero que la segunda etapa de mi aventura fue un éxito porque he aprendido muchísimo y recuperé, como esperaba que pasara, los ánimos y la energía para ser y hacer las actividades que me han inspirado y que me dan un sentido entre quienes caminamos juntos en las entrañas del monstruo.
Ahora que acepto que no voy a pasar este tiempo ganado dinero y financiando actividades que voy a hacer después, todo cobra un sentido diferente, me tocó frenar por cuestiones fisiológicas y por coordinación con otra gente pero dentro de dos semanas estaré nuevamente a la deriva y he decidido poner proa hacia Belice, sus falta ver si el viento y las corrientes oceánicas tienen a bien llevarme a esas costas.
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