Qué fácil era hacer planes para mi trabajo aquí desde el DF y qué diferente es vivir la minuciosa realidad de un lugar comparado con mis recuerdos de hace más de una década y mis ideas construidas de oidas.
Mis oidos son lo que me conduce a volver a cambiar mis planes, bueno mis oidos y el derrumbe de tantas expectativas con respecto a las actividades y prácticas de la zona. No esperaba, por ejemplo, que las blancas y finísimas arenas de Tulúm y playa del carmen estuvieran cubiertas de sargaso, recuerdo haber visto esta alga en las playas antes pero nunca me imaginé que pudiera cubrirlas como está haciendo en éstos días.
Como un recordatorio más del poder del mar cuya inmensidad abrumadora nunca podremos controlar, cada día asolvan a la playa toneladas de sargaso que aún donde los hoteles y otros negocios invierten fortunas en retirar lo único que han logrado es disminuir su volumen. Es muy impresionante que el alga que alcanzaba a ver en la playa estaba fresca, lo que quiere decir que acababa de salir porque cuando le pega el sol se quema, se encoje y cambia de color. No pude meterme al agua pero el sargaso ocupa, desde lo que alcancé a ver, por lo menos los primeros treinta metros de agua pegada a la costa.
Ahora me dirijo a Mérida con mucha emoción y con la intención de pasar unos días de reflexión para asimilar lo que he aprendido y poder replantear las siguientes etapas de esta aventura.
Dos días en Tulúm y otros dos en Playa del Carmen me han dejado muchas enseñanzas y encuentros maravillosos que me han llenado de alegría y me convencen de que la solidaridad fraterna puede hallarse donde quiera que nos encontremos con alguien más. He podido conocer a personas maravillosas, la mayoría de paso, como yo, por éstos lugares y quizás sea por eso que nos hemos acompañado durante encuentros de unas horas o a lo sumo un par de días con cordialidad y alegría como si fuéramos viejos conocidxs.

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