Hoy volvimos por última vez a aerolito y  recorrimos la ruta que ayer hicieron nuestros compañeros mientras ellos iban a dónde nosotros estuvimos ayer. Este camino consistió en conectarnos a la línea principal y avanzar sobre ella hasta el cuarto salto, donde tomamos a la izquierda por un pasaje angosto y vertical que requería, de a ratos, que usáramos una patada diferente para no levantar la arcilla.  Como cada día me acostumbro a las tareas un poco más, pude disfrutar más de la vida en la cueva, vi unos caracoles llamados conos que miden un poco más de un centímetro de largo y tienen el caparazón liso y cómo un tirabuzón rosado y blanco. El camino que recorrimos hoy tenía muchas más estalactitas y estalagmitas que los anteriores y más grandes, algunas llegaron a crecer tanto (sólo crecen cuando las glaciaciones hacen bajar el nivel del agua y la cueva se seca) que la estalactita que crece de arriba para abajo y la estalagmita que crece de abajo para arriba se juntaron formando una columna. El pasaje de por sí era angosto, tener además que esquivar las formaciones ya era muy apretado.
Quizás la mejor indicación de que cada día nos desenvolvemos mejor en la cueva es que gastamos menos aire en inmersiones más largas porque, a medida que logramos mantenernos más tranquilos y respirar con más calma nos duran más los tanques (llevamos dos) gracias a esto pudimos avanzar todavía más hacia adentro de la cueva.
Todos los caminos que hemos recorrido tienen líneas que han colocado otros buzos antes, pero ninguno de los que íbamos en mi grupo hoy conocíamos la última galería a la que llegamos lo cual es, igual, muy desafiante. Hoy nos despedimos de aerolito porque mañana visitaremos una cueva diferente que es parte de otro sistema de cenotes. Mientras buceamos aerolito hoy, sentí mucho cariño por la cueva y mucha admiración por la tierra que la creó. Le tengo mucha gratitud por permitirme ver lugares tan espectaculares y maravillosos y por crearlos para que funcionen de tantas maneras.
Hace unos días les conté de las haloclinas que hacen que el agua se vea como vidrio esmerilado, hoy, a la salida, iba al frente del grupo y pude verla antes de que nuestro paso la agitara, cuando la cruzaba con los ojos, parecía como si estuviera saliendo del agua, desde abajo veía un espejo de agua y había una división muy definida entre el agua dulce y fría de arriba y el agua tibia y salada de abajo (la salinidad es más fuerte que la temperatura para determinar la densidad) hoy había más agua dulce que los otros días dentro de la cueva.
El buceo fue bastante largo (70 minutos) y cuando pasamos la pequeña entrada de metro y medio por dos metros que conecta la cueva con la caverna (parte donde hay luz) y pude ver la luz que entra desde la superficie se alegró mucho mi corazón. Aunque estábamos muy cerca de la salida tuvimos que esperar varios minutos para salir, pero la luz del sol hace que todo lo que tenemos que hacer ahí sea menos arduo.
Aerolito es conocida como una “cueva de sacrificio” porque es a dónde vamos los nuevos aprendices de buzo de cuevas y por lo tanto sufre mucho más maltrato que el resto de las cuevas de la zona, de esta manera, se sacrifica para que cuando buceamos en el resto de las cuevas de la zona sepamos lo que hacemos y no las lastimemos. Gracias Aerolito por enseñarme a bucear en cuevas, nunca olvidaré las experiencias y las vistas de estos días.

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