Poco a poco pasan los días y los buceos. Con ellos, las situaciones se vuelven distintas; aunque la carga de tareas sigue aumentando muchas de las actividades que en el primer buceo me complicaron la vida se me han facilitado a fuerza de repetirlas. Junto con este avance, mi conciencia de la cueva ha ido en aumento y puedo empezar a apreciar el ambiente y disfrutar de su belleza.
En general me encanta del buceo que el único sonido que escucho es el de mis reguladores, el flujo de aire y las burbujas que libero; en este nuevo entorno, al silencio del agua se suma la oscuridad de la cueva. Una vez que cruzamos la línea de penumbra la única luz a nuestro alrededor es la que llevamos con nosotros y, a nuestra espalda (dirección en la que pude ver más hoy que iba cerrando mi grupo) pude ver la saliente más cercana de la roca debido a la luz reflejada, pero fuera de eso únicamente había negro. Solemos pensar que la noche es oscura, pero normalmente tenemos luces reflejadas de la ciudad, luna o estrellas que rompen el negro y la oscuridad; adentro de la cueva, sin embargo, la oscuridad es total, no hay ni ha habido, por miles y miles de años, otra luz ahí que la de quienes nos aventuramos en su inmensidad. Cada día planeamos una ruta diferente dentro de una misma cueva y el curso entero es insuficiente para recorrer todos los caminos en que se divide.
Desde cerca de la entrada empiezan, además, los desopilantes fenómenos físicos y químicos de este mundo secreto. Uno de ellos, que cruzamos todos los días, se llama haloclinas y consiste en que las diferencias de salinidad y temperatura (y por lo tanto de densidad) entre el agua dulce y fría que se filtra de la superficie y la cálida y salada que entra del mar generan una extraña apariencia en el agua, similar al vidrio esmerilado. Evidentemente el fenómeno nos complica la visibilidad aunque solemos cruzarla rápidamente y disfrutar de la excelente visibilidad de ambos lados. Aparentemente, cuando las aguas están tranquilas, es posible apreciar la haloclina como una línea definida, pero sólo el primer buzo en llegar a ella puede ver esto y no me ha tocado esta posición. Aún así, ver la diferencia de agua es impresionante.
Por otro lado he podido ver algunos de los animales que utilizan aerolito como su hogar, principalmente unos seres similares a estrellas de mar llamados ofiuroideos que se dedican a filtrar del agua seres microscópicos y que, a diferencia de las estrellas de mar, tienen brazos extremadamente delgados. Estos animalitos también existen en aguas abiertas, pero como los otros animales del mar los consideran botana suelen estar muy escondidos. En la cueva, en cambio, no tienen depredadores y además de estar expuestos a nuestros ojos en el fondo están por todos lados. Además de ofiuros hemos encontrado algunos caracoles, erizos y colonias de seres diminutos que se acumulan sobre la línea permanente y en puntos específicos de las formaciones.
En la cueva, a diferencia del mar, no es la vida orgánica la que atrae nuestra atención y deleita nuestra vista, pero las grandes formaciones de rocas y minerales son más que suficientes para ocupar el poco tiempo que dejan la navegación y otras actividades técnicas que vamos realizando permanentemente.
Hoy practicamos cómo controlar emergencias por fuga de aire (otra vez) y cómo desenredarnos si línea de vida nos atrapa. Ayer viajamos más lejos dentro de la cueva y pudimos ver lo diversos que son los espacios que genera; cada vez que cruzamos un pasaje o damos vuelta una esquina estamos en un lugar tan distinto que es imposible predecir qué habrá más adelante. En general la cueva es un ambiente rarísimo y suelo sentir, en algún momento, que exploro un planeta diferente y no un mundo secreto dentro del que es nuestro hogar.
Otro aspecto fascinante de estos sistemas es que conducen el agua que nos da vida a través de la tierra y nos permiten conocer de cerca las rutas que ésta sigue hasta los manantiales en que la recogemos. Vivir las rutas del agua me ha inspirado una idea diferente de cómo funcionan sus ciclos y de lo conectados que estamos por lejos y ajenos que nos sintamos de lo que sucede en otros puntos de la tierra.
Mañana nos espera nuestra primera práctica de cartografía y con ella, con un poco de suerte, podré mostrarles un poco cómo es ahí abajo (aunque sea en dibujo) esta práctica va a ser muy demandante pues además de todas las actividades que hemos practicado en estos días para realizar un buceo seguro debemos tomar medidas de distancia y ángulos, diagramar lo que encontremos y hacer un croquis del ambiente en el que estamos. En lo que hago esta representación les dejo una foto del cenote que nos sirve de entrada aunque es difícil, al verlo, considerar que es la entrada a un mundo diferente que tiene kilómetros de largo (de los que sólo hemos recorrido los primeros metros) y que se extiende en gigantescas galerías y pasajes de decenas de metros de ancho y alto.

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