Archivos para el mes de: julio, 2015

¿Ubican esa gente de éxito que la hace donde quiera? ¿Que la tiras en medio de la Antártida y le vende saltos en resbaladilla a los pingüinos? Pues mejor tarde que nunca asumo que yo no soy de esa gente, que el dinero no es lo mío y que por eso suelo necesitar poco.
Lo que pasa es que necesito poco dinero y cuanto menos tengo menos gasto, por eso me dura más y más aunque me vaya teniendo que apretar el cinturón (tampoco tanto) además me parece lo más triste que hay limitar una interacción a lo monetario y por eso me suelo dedicar a no usar ni ganar dinero. Para mi necesitar dinero para hacer algo es una especie de fracaso, la concesión de la ambición y la objetificación sobre un mundo de vida y emociones que se pone triste y descolorido cuando lo cuantificamos y financiarizamos. Capitalizar el mundo es, para mi, lo contrario a vivirlo, es matarlo y destazar sus restos.
Empecé esta aventura porque pensé que en la tierra del turismo iba a poder encontrar una actividad que me diera dinero sin esta sensación de generar escasez pero ahora entiendo que para lograr este salto necesitamos saltar juntos, como lxs chinxs que un día van a derrumbar el mundo que conocemos con un salto coordinado.
Mientras tanto considero que la segunda etapa de mi aventura fue un éxito porque he aprendido muchísimo y recuperé, como esperaba que pasara, los ánimos y la energía para ser y hacer las actividades que me han inspirado y que me dan un sentido entre quienes caminamos juntos en las entrañas del monstruo.
Ahora que acepto que no voy a pasar este tiempo ganado dinero y financiando actividades que voy a hacer después, todo cobra un sentido diferente, me tocó frenar por cuestiones fisiológicas y por coordinación con otra gente pero dentro de dos semanas estaré nuevamente a la deriva y he decidido poner proa hacia Belice, sus falta ver si el viento y las corrientes oceánicas tienen a bien llevarme a esas costas.
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Qué fácil era hacer planes para mi trabajo aquí desde el DF y qué diferente es vivir la minuciosa realidad de un lugar comparado con mis recuerdos de hace más de una década y mis ideas construidas de oidas.
Mis oidos son lo que me conduce a volver a cambiar mis planes, bueno mis oidos y el derrumbe de tantas expectativas con respecto a las actividades y prácticas de la zona. No esperaba, por ejemplo, que las blancas y finísimas arenas de Tulúm y playa del carmen estuvieran cubiertas de sargaso, recuerdo haber visto esta alga en las playas antes pero nunca me imaginé que pudiera cubrirlas como está haciendo en éstos días.
Como un recordatorio más del poder del mar cuya inmensidad abrumadora nunca podremos controlar, cada día asolvan a la playa toneladas de sargaso que aún donde los hoteles y otros negocios invierten fortunas en retirar lo único que han logrado es disminuir su volumen. Es muy impresionante que el alga que alcanzaba a ver en la playa estaba fresca, lo que quiere decir que acababa de salir porque cuando le pega el sol se quema, se encoje y cambia de color. No pude meterme al agua pero el sargaso ocupa, desde lo que alcancé a ver, por lo menos los primeros treinta metros de agua pegada a la costa.
Ahora me dirijo a Mérida con mucha emoción y con la intención de pasar unos días de reflexión para asimilar lo que he aprendido y poder replantear las siguientes etapas de esta aventura.
Dos días en Tulúm y otros dos en Playa del Carmen me han dejado muchas enseñanzas y encuentros maravillosos que me han llenado de alegría y me convencen de que la solidaridad fraterna puede hallarse donde quiera que nos encontremos con alguien más. He podido conocer a personas maravillosas, la mayoría de paso, como yo, por éstos lugares y quizás sea por eso que nos hemos acompañado durante encuentros de unas horas o a lo sumo un par de días con cordialidad y alegría como si fuéramos viejos conocidxs.

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Hoy terminamos el curso de buceo en cuevas, ya soy capaz de visitar el interior inundado de la tierra y salir de él (la segunda parte es la difícil) hoy visitamos C1 que es otra parte del mismo sistema de la quebrada que kilómetro 1, que buceamos ayer.
La caminata por la selva fue un poco más tranquila porque el camino estaba ligeramente más usado pero a diferencia de ayer tuvimos que esquivar obstáculos altos, un alambre de púas que no nos causó mayor complicación y un tronco que creció torcido y cruzaba la senda. Este tronco requería que nos agacháramos para pasarlo y con los tanques dobles en la espalda y mi altura, de regreso de bucear toqué con él con las válvulas de los tanques y me fui al suelo, afortunadamente pude acomodarme para caer de lado que es mejor que sobre el equipo que habría hecho que quedará como tortuga volteada o abajo de él que habría sido muy doloroso y me podría haber lastimado. No me pasó nada, ni un raspón, pero fue un momento intenso.
La entrada a la cueva estaba un poco más limpia que la de kilómetro 1 pero levantamos muchísimo sedimento al entrar al agua así que los primeros tres metros fueron como bucear en chocolate. Ya abajo nos esperaba una vista espectacular. Resulta que el ojo de agua por el que entramos estaba rodeado por otros sin entradas, pero uno de ellos se conectaba a la cueva por un huequito invisible desde la superficie pero que dejaba entrar los rayos del sol. Desde abajo pudimos ver una montaña de sedimento en cuya cima brillaban los rayos del sol iluminando toda su trayectoria a través del agua cargada de partículas suspendidas. Lo más parecido que puedo encontrar a esto en el mundo aéreo es la imagen del sol cuando se cuela por una rendija entre las nubes pero falta agregarle el factor de que estábamos buceando en la oscuridad más profunda que conozco.
C1 es una cueva llena de ramificaciones y esto hace más complicada la navegación que además debíamos registrar en nuestra tablilla de escritura cada vez que pasábamos una intersección de líneas o saltábamos de una línea a otra. Estos cambios de dirección requieren protocolos específicos que pueden ser tan simples como poner una de las marcas que llevamos con este fin para marcar el camino del que venimos o tan complejas como conectar con uno de nuestros carretes dos líneas ya tendidas y marcar nuestra dirección en ambos extremos además de dejar marcas indicando quienes pasamos por ahí.
Otra vez pasamos por haloclinas espectaculares y además pudimos ver enormes cantidades de fósiles, caracoles petrificados y huesos de tortuga, además de enormes cantidades de hongos fosilizados en la roca que se descompusieron y dejaron atrás un molde con su forma. Los huesos de tortuga también estaban fosilizados y eran parte de la roca, son impresionantemente planos y no supe lo que eran hasta que me lo explicó Rafa a la salida del buceo.
La cueva es muy estrecha y eso la hacia más difícil de recorrer, sin embargo pasamos 40 minutos nadando hacía adentro y pudimos avanzar un gran trecho. Como el techo es muy bajo hubo partes donde fue inevitable avanzar dentro de la haloclina y necesitaba bajar la mano y la cabeza para ver mis instrumentos. Es impresionante poder estar tan lejos de la superficie a tan sólo seis metros de profundidad.
Después del buceo y de mi aterrizaje forzoso nos fuimos a revisar los exámenes teóricos y cerramos el curso.
Aquí terminó mi entrenamiento en buceo en cuevas y estoy muy feliz y conmovido por todo lo que viví en estos diez días. Estoy muy agradecido con mis compañeros de curso Enrique, Francisco Llamas y Rafael López además de tenerle gran admiración, cariño, y gratitud a Germán Yáñez, que nos compartió su experiencia en éstas cuevas, muchas de las cuales exploró él mismo por primera vez. Al ver su trabajo me queda claro que por demandante y complicado que haya sido el curso que tomé es sólo el principio de un largo aprendizaje para poder conocer y explorar el laberinto subterráneo que recorre gran parte de la tierra bajo nuestros pies.
Estoy muy feliz de haber tenido la oportunidad de aprender estás técnicas nuevas y empezar a conocer éste mundo y le agradezco enormemente a Yuri Yerye, mi mentor en el mundo del buceo que, además de ofrecerme esta gran oportunidad, me ha guiado y acompañado en la mayoría de las aventuras subacuáticas en que me he involucrado.
A lo largo del curso pude echar un vistazo al mundo secreto de los sistemas acuáticos subterráneos, me quedo con imágenes maravillosas y con la certeza de que lo que pude conocer es sólo un vistazo de un universo vastísimo que se extiende más allá de lo que puedo comprender y cuyas maravillas rebasan mi imaginación.
Después de visitar tres cueva diferentes entiendo que cada una es única y maravillosa así que no me alcanzaría la vida para ver todo lo que este mundo contiene pero además he visto lo delicado y complejo que es nuestro planeta por lo que estoy más convencido que antes (sí es posible) de que debemos ser extremadamente cuidadosos con los efectos que tenemos en la tierra que es nuestra casa porque nunca sabemos qué extensión puede tener el impacto de nuestras acciones.
He aprendido mucho más que los estándares y procedimientos para bucear en cuevas y sé que estás enseñanzas me acompañarán en mi camino dentro y en la superficie de y la cueva.
Como me enseñó Rafa que decía David Shaw “That’s diving!”

Hoy fuimos a una cueva distinta, se llama kilómetro uno y ya llegar ahí fue una aventura porque desde donde dejamos la camioneta tuvimos que meternos unos 300 metros en la selva. No es selva tipo el Amazonas y había un camino más o menos visible que lleva al cenote pero no era fácil ni ubicarnos ni recorrerlo con todo el equipo a cuestas. Durante el camino vimos huellas de jabalí y caracoles fosilizados en el suelo de piedra. La segunda vez que lo recorrimos de ida yo iba adelante y casi al llegar al cenote me encontré una culebrita que huyó antes de que me acercara. Este cenote es todavía más pequeño que aerolito y mucho más incómodo porque los bordes estaban cubiertos de lodo resbaladizo. De hecho, casi al entrar al agua mi pie derecho se hundió en el lodo y estuve a punto de caerme con todo el equipo puesto, lo cual habría sido muy aparatoso.
La entrada a esta cueva es un pequeño ojo de agua estancada llena de vegetación y con muchas algas y otras cosas flotando. Desde afuera no parece más que un estanque pantanoso pero en una parte tiene un agujero en el fondo de un poco más de un metro que continua hacia el interior de la tierra mucho más de lo que alcanzamos a recorrer. El otro grupo llego tan lejos que pasaron otra entrada al mismo sistema, pero nosotros tuvimos que regresar antes.
El agua superficial estancada estaba tibia por el efecto del sol y la materia vegetal en descomposición (en palabras de Germán, nuestro instructor, es un pozo de agua hedionda) pero una vez bajo tierra el agua estaba bastante fría. Aerolito estaba bastante llena de sedimento pero aquí había muchísimo más así que tuvimos que ser aún más cuidadosos con nuestras patadas.
En kilómetro uno no alcancé a ver mucha vida pero las formaciones geológicas eran espectaculares y de lo más variadas. Uno de nuestros compañeros de curso es el doctor Rafael López del Instituto de geología de la UNAM y tuvimos la oportunidad de acompañarlo a unas pláticas sobre espeleotemas (una serie de formaciones geológicas de las cuevas) qué dio en Cozumel y playa del Carmen. Gracias a estas pláticas entendí un poco mejor lo que veo ahí abajo y aprendí a prestarle atención a diferentes aspectos de la cueva. Además de las estalactitas y estalagmitas, vi unas formaciones muy curiosas llamadas placas o escudos y algunos fósiles. Pero además pude ver cómo algunas formaciones, en particular unas muy grandes con forma de cascada llamadas flowstones, se interrumpían a diferentes niveles que muestran que la cueva ha estado inundada hasta diferentes alturas a lo largo de su historia. Además de estos flowstones pude ver, en la pared de la cueva, una serie de marcas horizontales que muestran cómo se depositó el calcio sobre el agua y las láminas que se formaron se rompieron por la acción del agua misma.
Kilómetro uno está llena de sedimento y además de esto, tiene el techo cubierto de percolaciones, acumulaciones de materiales que se filtran desde la superficie y que se acumulan en en techo pero se caen por el efecto de nuestras burbujas. Una de las cosas que más me impresionó es que las percolaciones que caían no llegaban al fondo si no que se quedaban en la haloclina porque flotan en agua salada y se hunden en agua salobre. Las haloclinas de esta cueva son maravillosas y también complicadas porque casi todo el recorrido que hicimos fue encima de ellas; si la movíamos arruinaba nuestra visibilidad.
Bucear suele ser como volar porque nos desplazamos en tres dimensiones, largo, ancho y profundidad en lugar de en dos (largo y ancho) que es lo que acostumbramos en tierra. En la cueva de hoy, flotar sobre la haloclina era como volar sobre lagos porque podíamos ver el agua salada abajo nuestro y las estalagmitas salir de ella. La interfaz entre las dos aguas genera una superficie muy parecida a la que vernos entre agua y aire, por ejemplo en un lago. Además podíamos ver a nuestros lados laderas de sedimento acumulado que cruzaban la haloclina y daban una sensación de playa. Inclusive podíamos ver olas pasar por la haloclina como sobre la superficie del agua. De regreso hicimos un ejercicio de cero visibilidad que consistió en apagar las lámparas y seguir la línea hacia la superficie comunicándonos y guiándonos con base en el tacto. Fue difícil pero ese nivel de oscuridad es muy impresionante y era una locura darme cuenta de que no veía nada a pesar de llevar los ojos abiertos.
Después de este ejercicio salimos a la superficie y fue muy hermoso volver a ver plantas, piedras, la tierra y el sol como estamos acostumbrados.
Como teníamos bastante gas en los tanques aprovechamos para bucear el maravilloso mar de la isla. Fue un cambio muy agradable hacer un buceo al cual estoy tanto más acostumbrado, aún con los tanques dobles y el equipo de buceo técnico. Más allá de bucear bajo la luz del sol, lo que veía a mi alrededor me era mucho más familiar, esponjas con ofiuros adentro, peces cirujanos, sábalos, abanicos, corales de colores y demás habitantes del arrecife.
Mañana es nuestro último buceo en cuevas del curso y vamos a ir a un lugar llamado C1. Nuestro plan es después cruzar al continente para bucear una cueva de ese lado y con eso termina mi etapa de cuevas y empieza la siguiente etapa de la aventura.

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Justo antes de bucear la cueva

Aquí les dejo una foto del equipo en la entrada a kilómetro uno, falta Germán que tomó la foto.

Hoy volvimos por última vez a aerolito y  recorrimos la ruta que ayer hicieron nuestros compañeros mientras ellos iban a dónde nosotros estuvimos ayer. Este camino consistió en conectarnos a la línea principal y avanzar sobre ella hasta el cuarto salto, donde tomamos a la izquierda por un pasaje angosto y vertical que requería, de a ratos, que usáramos una patada diferente para no levantar la arcilla.  Como cada día me acostumbro a las tareas un poco más, pude disfrutar más de la vida en la cueva, vi unos caracoles llamados conos que miden un poco más de un centímetro de largo y tienen el caparazón liso y cómo un tirabuzón rosado y blanco. El camino que recorrimos hoy tenía muchas más estalactitas y estalagmitas que los anteriores y más grandes, algunas llegaron a crecer tanto (sólo crecen cuando las glaciaciones hacen bajar el nivel del agua y la cueva se seca) que la estalactita que crece de arriba para abajo y la estalagmita que crece de abajo para arriba se juntaron formando una columna. El pasaje de por sí era angosto, tener además que esquivar las formaciones ya era muy apretado.
Quizás la mejor indicación de que cada día nos desenvolvemos mejor en la cueva es que gastamos menos aire en inmersiones más largas porque, a medida que logramos mantenernos más tranquilos y respirar con más calma nos duran más los tanques (llevamos dos) gracias a esto pudimos avanzar todavía más hacia adentro de la cueva.
Todos los caminos que hemos recorrido tienen líneas que han colocado otros buzos antes, pero ninguno de los que íbamos en mi grupo hoy conocíamos la última galería a la que llegamos lo cual es, igual, muy desafiante. Hoy nos despedimos de aerolito porque mañana visitaremos una cueva diferente que es parte de otro sistema de cenotes. Mientras buceamos aerolito hoy, sentí mucho cariño por la cueva y mucha admiración por la tierra que la creó. Le tengo mucha gratitud por permitirme ver lugares tan espectaculares y maravillosos y por crearlos para que funcionen de tantas maneras.
Hace unos días les conté de las haloclinas que hacen que el agua se vea como vidrio esmerilado, hoy, a la salida, iba al frente del grupo y pude verla antes de que nuestro paso la agitara, cuando la cruzaba con los ojos, parecía como si estuviera saliendo del agua, desde abajo veía un espejo de agua y había una división muy definida entre el agua dulce y fría de arriba y el agua tibia y salada de abajo (la salinidad es más fuerte que la temperatura para determinar la densidad) hoy había más agua dulce que los otros días dentro de la cueva.
El buceo fue bastante largo (70 minutos) y cuando pasamos la pequeña entrada de metro y medio por dos metros que conecta la cueva con la caverna (parte donde hay luz) y pude ver la luz que entra desde la superficie se alegró mucho mi corazón. Aunque estábamos muy cerca de la salida tuvimos que esperar varios minutos para salir, pero la luz del sol hace que todo lo que tenemos que hacer ahí sea menos arduo.
Aerolito es conocida como una “cueva de sacrificio” porque es a dónde vamos los nuevos aprendices de buzo de cuevas y por lo tanto sufre mucho más maltrato que el resto de las cuevas de la zona, de esta manera, se sacrifica para que cuando buceamos en el resto de las cuevas de la zona sepamos lo que hacemos y no las lastimemos. Gracias Aerolito por enseñarme a bucear en cuevas, nunca olvidaré las experiencias y las vistas de estos días.

Hoy buceamos aerolito otra vez. Las cuevas de la Riviera Maya son enormes laberintos que se conectan entre sí y aerolito tiene como 18 kilómetros de desarrollo (la distancia que se puede recorrer desde la entrada hasta el final de la cueva) cada día tomamos caminos diferentes y es así que tenemos que hacer navegación compleja, es decir, en lugar de llevar una sola línea continua desde la entrada hasta donde vamos ponemos un carrete primario desde la entrada de la caverna hasta la línea fija; una línea mucho más gruesa que la que llevamos que diferentes buzos se han ocupado de poner y mantener. Esta línea fija recorre grandes distancias dentro de la cueva y es la que nos conecta a la que pusimos para salir. La línea fija no llega a la caverna ni a la salida para que quienes no tienen formación en buceo en cuevas encuentren más difícil meterse sin las precauciones necesarias, pero tampoco es continua, bueno, es continua en una dirección pero no es la que tomamos o seguimos todo el tiempo si no que sobre ésta hay puntos marcados desde los que es posible “saltar” a otras líneas con carretes más pequeños que llevamos para este propósito. Hoy tomamos el primer salto y de ahí llegamos a un laminario, un espacio muy amplio en el plano horizontal pero de aproximadamente un metro de altura en que teníamos que ser extremadamente cuidadosos para evitar levantar el sedimento del fondo, que es muy volátil y puede arruinar la visibilidad con tan sólo una mala patada. Después del laminario encontramos un pasaje vertical en que la altura era cómoda pero muy angosto a lo ancho y que pasaba por una restricción menor, es decir, un pasaje angosto pero lo suficientemente amplio para pasar con todo el equipo que llevamos; para pasar por restricciones mayores es necesario usar un equipo diferente.
Después de la restricción, los pasajes siguen hacia adentro de la cueva y hay un punto donde la corriente de agua nos lleva en la dirección de viaje, lo que quiere decir que de regreso debimos nadar contra la corriente; un poco antes de eso encontramos una corriente en sentido inverso. Llamamos manantiales a las corrientes que nos sacan de la cueva y sifones a las que nos meten. El problema con los sifones es que requieren mayor esfuerzo (y por lo tanto gas) a la salida que a la entrada, situación que debemos calcular desde antes.
Estos cambios de corriente se deben a que hay otros pasajes alrededor del que recorrimos que conectan la cueva a otros cenotes. El asunto es que sobre línea permanente hay flechas de dirección que indican la salida más cercana y ya tan cerca de otras posibles entradas éstas no apuntan a nuestra salida por lo que debemos utilizar marcas sobre la línea para indicar que nuestra dirección de salida no es la de las flechas. Poco después de este cambio de sentido decidimos regresar pero ya habíamos recorrido unos 300m bajo tierra y un sifón que tuvimos que nadar en sentido contrario de regreso (por eso nunca usamos más de un tercio de la capacidad de los tanques para ingresar en la cueva) durante el recorrido pudimos ver formaciones espectaculares de cristales de calcio en las paredes y varias especies endémicas de aerolito una de ellas, una estrella roja (copidaster cavernicola) un poco más grande que mi mano llamó particularmente mi atención porque el resto de los ofiuros, esponjas y demás animales suelen ser blancos o grises ya que es inútil tener color en un ambiente al que la luz solar no llega nunca.
Trescientos metros, un sifón y una restricción menor es muy adentro de la cueva y la distancia se nota, entre otras cosas en que me puse más nervioso a medida que avanzamos.
Aún así tras un poco más de una hora regresamos a la superficie y nos preparamos para hacer las prácticas de cartografía del curso que consistieron en medir la distancia entre los puntos donde aseguramos la línea a la pared y los ángulos en que ésta avanza de uno a otro. Esta tarea es muy difícil porque estamos en el agua y a oscuras así que anotar y medir no es fácil. Ya que trate de plasmar estos datos en un croquis sabremos qué tan preciso fue nuestro trabajo, complicado además, en algunos puntos por las termoclinas y los manantiales.
El curso sigue avanzando y cada vez puedo disfrutar más lo que hago ahí adentro, que además es cada vez más adentro, pero las tareas no dejan de ser complejas y la navegación complicada.

Poco a poco pasan los días y los buceos. Con ellos, las situaciones se vuelven distintas; aunque la carga de tareas sigue aumentando muchas de las actividades que en el primer buceo me complicaron la vida se me han facilitado a fuerza de repetirlas. Junto con este avance, mi conciencia de la cueva ha ido en aumento y puedo empezar a apreciar el ambiente y disfrutar de su belleza.
En general me encanta del buceo que el único sonido que escucho es el de mis reguladores, el flujo de aire y las burbujas que libero; en este nuevo entorno, al silencio del agua se suma la oscuridad de la cueva. Una vez que cruzamos la línea de penumbra la única luz a nuestro alrededor es la que llevamos con nosotros y, a nuestra espalda (dirección en la que pude ver más hoy que iba cerrando mi grupo) pude ver la saliente más cercana de la roca debido a la luz reflejada, pero fuera de eso únicamente había negro. Solemos pensar que la noche es oscura, pero normalmente tenemos luces reflejadas de la ciudad, luna o estrellas que rompen el negro y la oscuridad; adentro de la cueva, sin embargo, la oscuridad es total, no hay ni ha habido, por miles y miles de años, otra luz ahí que la de quienes nos aventuramos en su inmensidad. Cada día planeamos una ruta diferente dentro de una misma cueva y el curso entero es insuficiente para recorrer todos los caminos en que se divide.
Desde cerca de la entrada empiezan, además, los desopilantes fenómenos físicos y químicos de este mundo secreto. Uno de ellos, que cruzamos todos los días, se llama haloclinas y consiste en que las diferencias de salinidad y temperatura (y por lo tanto de densidad) entre el agua dulce y fría que se filtra de la superficie y la cálida y salada que entra del mar generan una extraña apariencia en el agua, similar al vidrio esmerilado. Evidentemente el fenómeno nos complica la visibilidad aunque solemos cruzarla rápidamente y disfrutar de la excelente visibilidad de ambos lados. Aparentemente, cuando las aguas están tranquilas, es posible apreciar la haloclina como una línea definida, pero sólo el primer buzo en llegar a ella puede ver esto y no me ha tocado esta posición. Aún así, ver la diferencia de agua es impresionante.
Por otro lado he podido ver algunos de los animales que utilizan aerolito como su hogar, principalmente unos seres similares a estrellas de mar llamados ofiuroideos que se dedican a filtrar del agua seres microscópicos y que, a diferencia de las estrellas de mar, tienen brazos extremadamente delgados. Estos animalitos también existen en aguas abiertas, pero como los otros animales del mar los consideran botana suelen estar muy escondidos. En la cueva, en cambio, no tienen depredadores y además de estar expuestos a nuestros ojos en el fondo están por todos lados. Además de ofiuros hemos encontrado algunos caracoles, erizos y colonias de seres diminutos que se acumulan sobre la línea permanente y en puntos específicos de las formaciones.
En la cueva, a diferencia del mar, no es la vida orgánica la que atrae nuestra atención y deleita nuestra vista, pero las grandes formaciones de rocas y minerales son más que suficientes para ocupar el poco tiempo que dejan la navegación y otras actividades técnicas que vamos realizando permanentemente.
Hoy practicamos cómo controlar emergencias por fuga de aire (otra vez) y cómo desenredarnos si línea de vida nos atrapa. Ayer viajamos más lejos dentro de la cueva y pudimos ver lo diversos que son los espacios que genera; cada vez que cruzamos un pasaje o damos vuelta una esquina estamos en un lugar tan distinto que es imposible predecir qué habrá más adelante. En general la cueva es un ambiente rarísimo y suelo sentir, en algún momento, que exploro un planeta diferente y no un mundo secreto dentro del que es nuestro hogar.
Otro aspecto fascinante de estos sistemas es que conducen el agua que nos da vida a través de la tierra y nos permiten conocer de cerca las rutas que ésta sigue hasta los manantiales en que la recogemos. Vivir las rutas del agua me ha inspirado una idea diferente de cómo funcionan sus ciclos y de lo conectados que estamos por lejos y ajenos que nos sintamos de lo que sucede en otros puntos de la tierra.
Mañana nos espera nuestra primera práctica de cartografía y con ella, con un poco de suerte, podré mostrarles un poco cómo es ahí abajo (aunque sea en dibujo) esta práctica va a ser muy demandante pues además de todas las actividades que hemos practicado en estos días para realizar un buceo seguro debemos tomar medidas de distancia y ángulos, diagramar lo que encontremos y hacer un croquis del ambiente en el que estamos. En lo que hago esta representación les dejo una foto del cenote que nos sirve de entrada aunque es difícil, al verlo, considerar que es la entrada a un mundo diferente que tiene kilómetros de largo (de los que sólo hemos recorrido los primeros metros) y que se extiende en gigantescas galerías y pasajes de decenas de metros de ancho y alto.

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Hoy 5 de julio buceé por primera vez en una cueva, aunque prácticamente permanecimos en la parte que llamamos caverna, que es donde todavía llega la luz del sol.
La cueva se llama aerolito y es maravillosa. Desde afuera sólo es un pequeño cenote lleno de agua prácticamente al ras de la apertura y con en piso cubierto de algas. Cuando llegamos había bañistas chapoteando y vimos pasar por ahí gente muy diversa con reacciones igualmente distintas hacia lo que hacemos.
Desde afuera, aún estando en el agua, es difícil darse cuenta de que ahí hay una cueva, de hecho algunos de los que pasaron por ahí nos preguntaban sobre su existencia, pero una vez que Germán puso una línea hacia la entrada pude apreciar el hueco por el que entraríamos.
El agua del cenote es tan clara que lo único que me impedía ver perfectamente el fondo fuera de la cueva eran los reflejos del sol y las olas en la superficie.
Bucear en cuevas es muy demandante porque en lugar de bajar y subir por los lugares que consideramos o donde nos agarre el momento de salir necesitamos recorrer en sentido inverso todo el camino por el que entramos. Por eso pasamos un día y medio revisando teóricamente todo lo que haríamos dentro de aerolito y practicando en tierra los procedimientos que utilizaríamos en el agua.
Hoy, 6 de julio, regresamos a aerolito y fuimos más adentro de la cueva. Nuestros objetivos eran, principalmente, practicar cómo ponemos la línea de vida que nos guía de regreso a la salida y hacer simulaciones del procedimiento para buscar un buzo que llegara a separarse del grupo y para encontrar la línea de vida si llegáramos a perderla durante de una crisis de visibilidad como las que causé con mis aletas al tratar de colocar la línea. Suena fácil asegurar una línea acomodada en un carrete de plástico a lo largo del recorrido, pero como todo allá abajo, hay innumerables consideraciones que debemos tomar para prevenir otros tantos problemas. Los ejercicios de hoy me llevaron al límite de mis capacidades y aún así mi desempeño fue realmente malo (si fuera fácil no sería necesario dedicarle 10 días a aprender los procedimientos para hacerlo con seguridad) espero que en los próximos días me vaya mejor pero, por ahora, la cantidad de actividades que necesito hacer simultáneamente y la precisión con la que debo llevarlas a cabo me es abrumadora.
Aún así logramos pasar casi una hora adentro de la cueva y avanzamos más hacia adentro de donde habíamos llegado ayer. De acuerdo a lo que me han dicho Yuri y Germán aún no he visto nada, pero lo que he visto me parece maravilloso, imponente y espectacular. Hay túneles y pasajes extensos con formaciones geológicas de formas inimaginables y la única luz que nos permite verlas, así como a las estrellas de mar y otras escasas formas de vida de aerolito, es la que llevamos en nuestras manos. El desafío es muy grande y el estrés que sentí hoy fue ofuscante pero poco a poco me desenvolveré mejor y podré conocer el interior inundado de la tierra en que vivimos, los días de entrenamiento son largos y agotadores pero las actividades que hacemos son su propia recompensa.

En mis despedidas, antes de emprender esta aventura, las distancias y los tiempos han sido muy erráticos. Siento que estoy a gran distancia de quienes conviven conmigo en el día a día y viven cerca de mí, pero la diferencia es menos notable en relación a quienes de por sí tengo que desplazarme para visitar. Por otro lado, seis meses parece muchísimo tiempo, pero 24 fines de semana son más fáciles de ver pasar. Mientras avanzamos por tierra hacia el Caribe puedo ver el efecto de las personas y el estado asesino sobre nuestro entorno pero no veo fronteras, sólo elementos de un paisaje que cambia pero es siempre el paisaje.
Entre las posibilidades que nos ofrecen las telecomunicaciones y las que he tenido a lo largo de mi vida, conozco y quiero a mucha gente que no vive cerca de donde realizo mis actividades diarias; es así que entiendo referencialidad de las distancias porque para quienes viven a miles de kilómetros de mí la distancia a la que nos encontramos casi no cambió mientras que quienes nos acompañábamos en el día a día sentimos intensamente esta nueva distancia no tan grande.

Empieza la nueva aventura con el corazón a mil por hora. Y me siento tan distinto que no entiendo cómo puede ser que todo siga tan normal. Tras tanto tiempo dedicado a todo lo demás vuelve la oportunidad de enfocarme en bucear; pienso en la irónica situación de haber aprendido a mesurar radicalmente mi emoción para aprovecharlo al máximo. Porque abajo, emocionarme con lo emocionante que es todo hace que la inmersión dure menos.
La magia de los cenotes espera.